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Estrés del día a día: qué lo empeora y qué ayuda de verdad

Todo el mundo va con prisa y casi todo el mundo dice estar estresado. Un poco de estrés es normal y hasta útil; el problema es cuando no se apaga nunca. Esta guía cuenta qué pasa en el cuerpo, qué lo empeora sin que te des cuenta y qué lo baja de verdad.

5 min de lectura Lo que recomendamos nosotros

  • Respirar
  • Dormir
  • Moverse

01Qué pasa en el cuerpo cuando hay estrés

Ante algo que el cuerpo interpreta como una amenaza —un plazo, una discusión, un atasco— se enciende una alarma: adrenalina y cortisol, el corazón más rápido, los músculos tensos, la digestión en pausa y la cabeza en guardia. Está pensada para resolver algo y apagarse, y para eso funciona muy bien.

El problema del día a día es otro: la alarma no llega a apagarse. Un correo detrás de otro, noticias, prisas, poco sueño. El cuerpo sigue en guardia a las once de la noche, y lo que era útil durante un rato empieza a pasar factura.

02Cómo se nota que llevas demasiado

Rara vez avisa con la palabra «estrés». Avisa por otro lado: dormir mal o despertarse a las cuatro dándole vueltas, cuello y mandíbula cargados, dolor de cabeza, digestiones que van a su aire, más antojos, más café y más copas, olvidos tontos y la mecha corta con quien menos lo merece.

Nada de eso es grave por sí solo. Pero si se juntan varias cosas y duran semanas, es el cuerpo diciendo que la alarma sigue encendida.

  • Me despierto de madrugada con la cabeza a mil: la alarma sigue encendida, y el sueño es lo primero que hay que cuidar.
  • Me duelen el cuello y la mandíbula al final del día: es tensión acumulada, y moverse la suelta mejor que aguantarla.
  • Me noto con la mecha corta por cualquier cosa: es de las señales más claras de que vas pasado de vueltas.
  • Me tomo una copa para desconectar casi cada noche: calma un rato y rompe el sueño; conviene mirarlo.

03Lo que lo empeora sin que te des cuenta

Dormir poco. Una noche corta vuelve más reactivo el día siguiente: lo que ayer era un roce hoy es un problema. Y es un círculo, porque el estrés quita sueño y la falta de sueño trae más estrés.

La cafeína de más o a deshora. El café no crea el estrés, pero acelera lo que ya va acelerado: pulso, nervios, sueño ligero. Si vas tenso, mejor pocos y solo por la mañana; el té y las bebidas energéticas también cuentan.

El alcohol y las pantallas. La copa relaja al principio y rompe el sueño a mitad de la noche. Y el móvil a todas horas mantiene la alarma en marcha: cada notificación es una pequeña interrupción, y a las once de la noche, además, quita sueño.

El estrés no se quita pensando menos: se baja durmiendo, moviéndose y respirando más despacio.

04Lo que ayuda de verdad

Dormir con horario. Levantarse a la misma hora todos los días, también el fin de semana, y dejar el móvil fuera de la cama. Es la base, y está contada en la guía del sueño.

Moverse cada día. Andar deprisa media hora, subir escaleras, bici o lo que te guste: el ejercicio gasta la energía que la alarma prepara y mejora el sueño esa misma noche. No hace falta gimnasio; hace falta constancia.

Respirar despacio. Coger aire por la nariz contando cuatro y soltarlo contando seis, durante cinco minutos: alargar la salida del aire es de las formas más rápidas de bajar pulsaciones. Y lo que no se ve pero cuenta: luz de día, hablar con alguien y apuntar lo pendiente en un papel en vez de llevarlo en la cabeza.

05Cuándo es de médico o de psicólogo

Cuando llevas más de dos o tres semanas durmiendo mal, sin disfrutar de lo que te gustaba o con la sensación de no poder con el día; cuando aparecen palpitaciones, falta de aire o sensación de ahogo de golpe; o cuando bebes o tomas algo más para poder aguantar. Eso tiene nombre y tratamiento, y se empieza por el médico de cabecera, que puede derivarte al psicólogo.

Y si en algún momento aparecen ideas de hacerte daño, no esperes: el 024 atiende gratis a cualquier hora, y ante una urgencia, el 112. Pedir ayuda a tiempo no es exagerar; es lo que se hace con cualquier otra cosa que duele.

Para llevar

  1. Si duermo mal, me duele el cuello y salto por nada, la alarma sigue encendida.
  2. Café, pocos y por la mañana; la copa para desconectar, fuera.
  3. El móvil fuera de la cama y las notificaciones, a raya.
  4. Media hora andando y cinco minutos de respiración lenta al día.
  5. Semanas así, o ahogos y palpitaciones: médico de cabecera.

Preguntas que nos hacen

¿El estrés puede hacer que engorde?

Puede influir: con estrés se duerme peor, se pica más y se tira de lo rápido y dulce, y el cortisol alto durante mucho tiempo se asocia a más grasa en la tripa. Por eso cuidar el sueño y moverse ayuda por los dos lados.

¿Qué es mejor para el estrés, correr o yoga?

El que vayas a hacer. Los dos ayudan: el ejercicio que cansa gasta la tensión, y el que se hace despacio y respirando la baja. Lo que marca la diferencia es hacerlo casi todos los días.

¿La tila o la valeriana sirven para los nervios?

Una infusión caliente sin cafeína relaja porque es un rato de pausa. De la valeriana y de otras plantas no hay en Europa ninguna declaración de salud autorizada para el estrés, y alguna se lleva mal con la medicación: si tomas algo, pregunta antes a tu médico.

¿El magnesio quita la ansiedad?

No se puede decir eso. Lo reconocido es que contribuye a la función psicológica normal y a disminuir el cansancio y la fatiga. Si falta, completarlo ayuda a que el cuerpo funcione como debe; la ansiedad de verdad se trata con el médico o el psicólogo.

¿Cuánto café es demasiado?

Para un adulto sano, las autoridades europeas sitúan el límite en unos cuatrocientos miligramos de cafeína al día, unos tres o cuatro cafés. Pero con estrés, nervios o mal sueño el límite práctico es más bajo: menos, y solo por la mañana.

¿Es normal estar estresado todo el tiempo?

Es frecuente, pero no es normal ni obligatorio. Si el estrés es la música de fondo de todos los días, algo del ritmo hay que cambiar: el sueño, las pantallas, el movimiento o, cuando no depende de ti, pedir ayuda para llevarlo.

En el estudio de bienestar preguntamos cómo de estresado vas del uno al cinco, cómo duermes y cuánto café tomas, y el informe lo pone en orden. Cinco minutos, gratuito y sin compromiso.

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