Menos es más
Cada producto nuevo es una cosa más que hacer, y cada cosa más es una excusa para saltarse la rutina entera. Empieza con lo básico —limpiar, hidratar, proteger— y añade solo cuando lo básico ya sea un hábito que no piensas.
La cara, en orden
Limpiar, hidratar y, de día, proteger del sol. En ese orden, de lo más ligero a lo más denso, mañana y noche. El protector solar es el paso que más gente se salta y el que más hace por la piel con los años; por eso lo tratamos como un paso de la rutina, no como cosa de playa.
- Mañana: limpiar, hidratar, proteger.
- Noche: limpiar y tratar o hidratar, según lo que tu piel pida.
- Si solo vas a hacer una cosa, que sea limpiar bien por la noche.
La piel del cuerpo
Se ducha a diario y se hidrata casi nunca. Agua templada mejor que ardiendo, un gel que limpie sin llevarse la barrera natural de la piel, e hidratar al salir de la ducha, con la piel todavía húmeda, que es cuando mejor lo absorbe. Manos, codos, pies y labios son las zonas que más sufren y las que menos se miran.
El cabello, desde la raíz
El pelo se cuida donde nace: en el cuero cabelludo. Lavarlo cuando lo necesita, no por calendario; el champú en la raíz, masajeando, y el acondicionador de medios a puntas, nunca en la raíz. Y elegir según lo que le haces al pelo —tinte, plancha, sol, piscina— y no según el anuncio de turno.
Cuando algo se usa todos los días, la suavidad no es un extra: es el requisito.
La boca, tres veces al día
Dos minutos, dos o tres veces al día, y el hilo o los cepillos interdentales donde el cepillo no llega. Es de las rutinas con más efecto sobre la salud general y de las que menos se revisan desde el colegio. El cepillo se cambia cuando las cerdas se abren, no cuando te acuerdas.
La constancia
Pon los productos donde los veas y ata cada paso a algo que ya haces: al lavarte los dientes, al salir de la ducha, al apagar la luz. Un mes seguido cambia más que un producto caro, y una rutina de tres pasos que se cumple vale más que una de diez que dura una semana.
Cuándo ir a un profesional
Un lunar que cambia, una irritación que no se va, unas encías que sangran, un pelo que se cae a puñados: eso no lo arregla ninguna rutina ni ningún producto. Dermatólogo o dentista, sin esperar. Nosotros ayudamos con lo de todos los días; lo demás es de quien tiene que ser.
Para llevar
- Tres pasos que hago, antes que diez que abandono.
- La cara en orden: limpiar, hidratar, proteger.
- Hidrato el cuerpo al salir de la ducha, con la piel húmeda.
- El champú en la raíz; el acondicionador, de medios a puntas.
- Dos minutos de cepillado, y entre los dientes también.
Si no sabes por dónde empezar, el estudio de cuidado personal te lo ordena: cubre la cara, la piel del cuerpo y el cabello, y sale con qué va en cada paso y por qué. Gratuito y sin compromiso.
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